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Oscar Alfonso Sosa

LOS HOMBRES DE LA MONTAÑA

LOS HOMBRES DE LA MONTAÑA El viejo ZIL131 "ronronea", parece que se queda atascado, que no puede con la empinada pendiente; pero puja, guapea y llega a la cima, desde donde se divisa un bosque salvaje de pinos, cedros y algarrobos.  Entonces el veterano Tirso Gerardo Orbea sonríe con picardía y hasta le da unas palmaditas a su inseparable camión: “Pórtate bien que es mucho el palo que queda por bajar pa’l llano’’. Motosierra, cables, bueyes, sogas, polines, hombres. La función comienza. El bosque se estremece.  PRIMICIA  Así sucede cada mañana, cuando desde la Unidad Silvícola de Sancti Spíritus, ubicada en El Cacahual, la Brigada Extractiva de Madera desanda los senderos de las montañas del Escambray. De sus brazos, de su pericia y de su arrojo dependen que decenas de metros cúbicos de diferentes maderas lleguen a los aserríos de la Empresa Forestal Provincial, para que una vez hechos tablones integren la logística de obras priorizadas de la Salud y la Educación, fundamentalmente.  “La tarea es bien difícil, pues los accidentes de la geografía de estas montañas son un obstáculo importante, pero la experiencia del colectivo resta complejidad a estos ajetreos", afirma Osmani Santilé, un joven con unas cuantas subidas en su hoja de servicio.  “Nos conocemos el bosque de punta acabo y cuando llegamos vamos directo a picar, responsabilidad que recae en el viejo Tirso, todo un as motosierra en mano”.  Entre el pica que pica, los bueyes de Reinaldo Lorenzo miran de reojo cada árbol caído. Saben que les tocará acarrear hacia el cargadero cuanta madera se corte, desandando los trillos impensables, los casi intransitables.  “Cuando comienza el corte no hay descanso y es una sola yunta pa’to el ajetreo, comenta Reinaldo.  ABRIR CAMINOS  Mientras los hombres se fajan con la madera, Eleodoro Samé hace malabares con el pico y la pala. Con cada golpe de los implementos le roba espacio a las laderas para ensanchar el camino, por donde mañana subirán los camiones y bajarán los bolos listos para aserrar. “Tenemos el propósito de hacer transitable el camino desde la Diana hasta llegar a Santa Rosa, en territorio de Fomento, para explotar mejor los bosques.  “Desde bien temprano estoy en este ajetreo, y la intención es llevar el llamado trillo de mulo, por donde sólo pasan las bestias, hasta un ancho mayor, para que puedan desplazarse los camiones”.  En lo que va de año, entre mantenimiento y apertura, se han concluido más de 50 kilómetros de estos viales.  CARGA LISTA  Entre picos, palas, bueyes y motosierras se logra una sinfonía de acordes matizados por esfuerzos agudos y placenteros. La jornada se va más allá del mediodía, cuando el calor del sol asusta y el cuerpo pide agua fresca y nutrientes, mas los hombres no bajan el ritmo.  Las cuentas preliminares del viejo Tirso anuncian que faltan casi 300 pies de madera para completar los viajes de los dos ZIL, y entonces la motosierra vuelve a cantar. Lista la carga, los bueyes halan de los cordeles, la cama de los camiones se repleta de bolos y entonces se emprende el camino de regreso.  Las lomas parecen muy altas y el "ronroneo" de los carros es más grave. Pero ni el viejo Tirso ni Osmani se inmutan. En la parte delantera de los ZIL, sobre los guardafangos, Geovel Delgado y Ernesto Montesdeoca señalan con la mano para dónde girar cuando aparece algún obstáculo. Y así llegan al acopiadero, donde descansará la carga hasta que al otro día, bien temprano, otros camiones la trasladen a los aserríos.  Y con la próxima salida del Sol, la brigada prepara los matules y otra vez a tumbar madera de las lomas. Las escuelas, policlínicos y otras obras esperan por ella.   </script>
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